Huigra, un fin de semana de Eterna Primavera

Cuando llegas a la estación Sibambe del Tren Ecuador, en la ruta Nariz del Diablo, te reciben bailando integrantes de la comunidad Nizag. Pero también hay un par de niños que podrían pasar desapercibidos. Tienen a sus lados animales de los campos andinos de Ecuador: Llamas, burros, cabras. Andrés, un nene de unos seis años, mantiene agarrada de una correa a una cabrita que es un poco más pequeña que él.

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Una foto publicada por Sofía Bermúdez. (@sofiayequipaje) el 5 de Dic de 2015 a la(s) 6:22 PST

 

Es con esta imagen con la que me quedo de un viaje de fin de semana que tuve a Huigra. La Hostería La Eterna Primavera invitó al colectivo #BloggersEc para conocer los atractivos de esta localidad en la provincia del Chimborazo.

 

Siempre quise ir a Huigra, así que aproveché la oportunidad para conocer. Queda a tan solo dos horas de Guayaquil y su clima es perfecto: ni muy frío, ni muy caliente. Asumo que por ello el nombre de la hostería; pero también por las comodidades que brinda.

Llegar a la hostería es llegar a un refugio, es escaparse del mundo. Sobre una loma está La Eterna Primavera. Tiene bloques de habitaciones amplias y rústicas; una cancha de deportes, piscina, restaurante, salón de eventos y hasta un descanso de hamacas. Solo de caminar por el lugar dan ganas de no salir.

 

Sin embargo, lo que ofrece este viaje corto es también una “Eterna Primavera”: conocer la ruta Nariz del Diablo, pasear por el chiquito pero acogedor pueblo de Huigra y saludar al volcán Chimborazo. Es un plan perfecto para olvidarse de la ciudad.

Nariz del Diablo en Tren

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Esa montaña perfila lo que se conoce como la Nariz del Diablo. Foto: Sofía Bermúdez.

Desde la estación de Alausí, un pueblo lleno de colores, se toma el tren hacia la Nariz del Diablo. Esta es una de las rutas más populares de Tren Ecuador porque es la que conectaba Costa y Sierra a inicios de los 1900’s. El tren evoca un viaje al pasado, con sus vagones revestidos de madera que le dan un sabor añejado. Por estas rieles pasaron muchas historias y su propia historia es también una interesante.

« Lee también: El tren de Ecuador, una ruta a la historia »

“Camino de los demonios” le decían, por su dificultad al ser construída (unas 2.500 personas muertas) y su dificultad al ser recorrida. Al llegar a la montaña conocida como Nariz del Diablo los maquinistas deben conducir el tren en una especie de zig-zag; para la cual se requiere la maniobra de los brequeros.

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Los brequeros son quienes ayudan a guiar al maquinista. Foto: Sofía Bermúdez.

El río Alausí acompaña el camino de una hora, aproximadamente, además de un paisaje andino particular, pues está en ese intermedio en Costa y Sierra, entre frío y calor.

Al llegar a la estación Sibambe, el tren avanza un poco más allá para que veas el recorrido que acabas de hacer: La Nariz del Diablo. De vuelta a la estación te recibe música y baile; además tienes la opción de visitar el museo Cóndor Puñuna o solo apreciar la vista en Café del Tren.

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La estación Sibambe te recibe con bailes. Foto: Sofía Bermúdez.

Un paseo por Huigra

En una montaña frente a la hostería La Eterna Primavera hay un altar a la virgen de la Inmaculada Concepción. En medio está el pueblo de Huigra, alistándose para una romería.

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La virgen espera a los fieles. Foto: Sofía Bermúdez.

Después de la cena en La Eterna Primavera nos unimos a la peregrinación. Tal vez nos habrá tomado unos 20 minutos llegar de un extremo al otro, pasando con las calles casi deshabitadas de Huigra.

Arriba, en el altar de la virgen, habían bandas y grupos de baile. Juegos pirotécnicos se encendían, así como también se encendían velas para la virgen. Así, nuestro día en Huigra termina en un altar está lleno de creyentes que festejan con alegría, pero también con fe.

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Una luz de fe se enciende. Foto: Sofía Bermúdez.

El Chimborazo

 

El día va a ser corto, es domingo y regresamos a Guayaquil. Desayunamos en la hostería La Eterna Primavera y nos alistamos para ir al volcán Chimborazo. Después de dos horas llegamos a las faldas del coloso. Desde la entrada tomamos un carro hacia el primer refugio. Aprovechamos para tomar una fotos y caminar un poco.

 

Tal vez porque nunca he sido muy buena con las alturas (me agito fácilmente) o porque sencillamente su altitud llega 6.310 msnm -siendo el punto más alejado al centro de la tierra-, esa tarde no avancé más allá del primer refugio.

Sin embargo, desde cualquier punto que lo mires -de cerca o de lejos-, el Chimborazo no deja de verse imponente.

De regreso a Guayaquil paramos un momento por Colta y seguimos hasta el manso Guayas. Ha sido un fin de semana apacible, un par de días de Eterna Primavera.

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Ni las nubes logran esconder al Chimborazo. Foto: Sofía Bermúdez.
Encuentra más información de este viaje gracias a otros #BloggersEc: 
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