¡Por qué no te hicimos caso Señor Miyagui!

– ¿Qué estudiamos aquí?

La ley del puño Señor

¿Y cuál es esa ley?

¡Golpear primero, golpear duro y no tener piedad Señor!

Karate Kid.

Si en serio les hubiésemos puesto atención al Señor Miyagui en algún momento de nuestras vidas, esta historia no sería tan vergonzosa.

Con los bolsillos ajustados en el caro Brasil, sacamos afuera ese espíritu de mochileras y decidimos que llegaríamos a Foz de Iguazú haciendo dedo, o como se diría en portugués, haciendo carona.

El internet nos dio los tips para lograr que alguien nos lleve, así que inflamos el pecho y dijimos “de ley tenemos éxito”, mintiéndonos un poquito porque en realidad  nos acompañaban tres maletas que ocupaban más espacio que nosotras.

El punto de partida era Curitiba. Viajando en transporte pagado el camino se extendía por unas 15 horas, por lo que a nosotras nos tomaría el doble o quién sabe más. Tomando en cuenta aquello, dijimos ¡venga! a las 6 en punto estamos en camino, pero nos venció la pereza y terminamos saliendo a las 9. Tropezón desde el primer paso.

Tomamos un bus que nos dejó a las afueras de la ciudad, y nos posamos en un paradero. Una, dos horas…carona nada. Yo al menos ya estaba desilusionada –típico de mí- pero el afán de Sofía y Sarah hizo que siguiéramos esperando hasta que ¡pum! paró un camión.

El conductor era un tipo muy simpático, pero fue una pena que solo tuviera que avanzar unos cuantos kilómetros más adelante. Cuando llegó el momento de separarnos nos dejó en uno de esos restaurantes que quedan en medio de la nada; llevábamos recorriendo apenas media hora.

Encontramos ahí nuestro segundo paradero, y mientras hacíamos dedo con un cartel trucho que decía carona, se nos unió un vagabundo que empezó a imitarnos. Sin duda éramos Vagabundavida.

Al principio fue gracioso, pero la verdad es que evitamos prestarle mucha atención porque evidentemente estaba un poco loco, por no decir que el pobre ya vivía en otro planeta.

Hacía bastante sol y la Sofi  fue a descansar donde estaban las maletas, mientras que “Loquito” (decidí llamarlo así de cariño), aparecía y desaparecía, aparecía y desaparecía.

Yo  imagino que para Loquito las relaciones interpersonales eran algo difíciles de llevar –después de todo la distancia de la luna a la tierra debe estar a millones de años luz- así que luego de un momento él también decidió ignorarnos a Sarah y a mí. Eso sí, con la Sofi parecía que quería entablar  “una bonita amistad” porque le hablaba y le hablaba.

Revelando un poco de secretos, la Sofi es una de las personas más despistadas en esta tierra, y tal vez Loquito dijo ¡bueno, ésta es de los míos! Lástima que ella solo sabía un poquito de portuñol, y como no le entendió nada, él se enojó.

De repente la situación que había empezado tan bien con Loquito ayudándonos hacer carona, se puso tensa. La sofí empezó a ignorarlo, y como a cualquiera la ley del hielo le enfurece, Loquito demostró qué él sí aprendió bien del Señor Miyagui y golpeó primero.

Hay que darle el crédito a la Sofi que reaccionó cual ninja y detuvo con su brazo el golpe que iba directo a su cara. Ampliando el escenario completo, Sarah salió corriendo por su vida, mientras que yo empecé a formar parte de un triángulo de combate.

Loquito se mantenía demostrándonos sus poses de karateca, la Sofi en posición de guardia y yo apuntando con un gas pimienta que había comprado para situaciones de peligro.

La Sofi me gritaba que le rocíe el gas a Loquito, pero no pude, así que al primer despiste corrimos y entramos al restaurante. Las señoras que ahí trabajaban nos contaron que no era la primera vez que él intentaba agredir a alguien, y afirmaron que la Policía estaba avisada, pero nunca, al menos hasta ese día, se tomó el tiempo de llevarlo a un lugar donde pueda ser atendido. A fin de cuentas pobre Loquito.

Ya con los nervios calmados decidimos que quizás era mejor viajar a Foz en un bus, y así lo hicimos.

En tanto esta historia quedó cómo una de las tragicomedias de Vagabundavida en el camino.  Sin duda nos asustamos, pero hoy por hoy nos entretiene mucho contarla. Cosas de viajeros.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. De algo sirvieron las clases de defensa personal que tomé hace como 10 años.. Encerar, pulir, encerar, pulir…

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