Elegí la mochila de recuerdos

Han pasado ocho meses desde que decidí abandonarlo todo por mi sueño: Viajar sin la necesidad de volver. De regresar porque “el lunes entro temprano” o porque “tengo que entregar un trabajo”. Quería pasarme el lunes diciendo: “¿Vamos a caminar?, ¿ Qué conocemos hoy?”.

Tras esa decisión mis pies han pasado por montañas, pueblos, ciudades y me he lanzado sobre ríos, lagos y mares. Alcancé a tocar el océano atlántico, pasar por las cataratas y regresar al océano absurdamente nombrado Pacífico. Pero sobre todo, lo que más conservo en mi memoria, son esas estrellas fugaces con lunas amarillas, soles aplastantes y un montón de agua convirtiéndose en granizo.

Y acá estoy. Sumando y buscando recuerdos desde Santiago Región Metropolitana, Chile. Ojeando más de tres fotos que me devuelven con alegría el esfuerzo que hemos realizado tras nuestros pocos pasos por la gran Sudamérica. Un continente que algunos lo llaman salvaje por sus crónicas rojas del día y por la corrupción que nos persigue. “Nos inyectaron el miedo”, leí alguna vez en una pared y luego en el Museo de la Memoria de esta ciudad. Una paranoia que dejaría a más de uno sin conocer los lugares más interesantes de este lado del mundo.  Y me da placer haberme arriesgado y de estar agradecida mientras saludo a otra mañana. Una mañana que podría juntar a un viajero con otras personas que lo llenarán de anécdotas. A un viajero que aprenderá a confiar y a creer en la hospitalidad.

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En la costanera de Mar del Plata, Argentina.

El primer paso siempre pesa en la cabeza.

Es común ver como algunos europeos y estadounidenses se pasean por todo el planeta y pueden regresar por tercera vez para rodearse del encanto de Sudamérica (¿exagero?, pero sí hay casos). Desde hace más de diez años, fui testigo de cómo se paseaban por las playas de Ecuador con sus grandes mochilas, incluyendo  vecinos de otros países que se atrevieron a llamarse mochileros: argentinos, brasileños, chilenos. Y yo me decía: “Ya me tocará a mi”.

Días antes de comenzar el viaje. Debíamos de llegar al encuentro con el grupo de Ruta Inka en Qosqo.
Días antes de comenzar el viaje. Debíamos de llegar al encuentro con el grupo de Ruta Inka en Qosqo.

Pero mi sueño, como le pasa a muchos, fue cayendo con los comentarios de no poder hacerlo por falta de dinero, por tiempo o por las mismas metas de la sociedad: “gradúese, trabaje y luego cásese con el que pueda”. Es el miedo de quedarse solo y el extraño pensamiento de que al tener un hijo la vida dejará de ser menos solitaria. Los comentarios me parecían inaceptables.

En Ecuador aún es difícil ver que otros consigan un estilo de vida que no sea concebir una familia y trabajar todo el año para un sueldo miserable. Puedo decir que no faltará alguien que diga, ¿qué estás haciendo con tu vida?, ¿porqué dejaste el trabajo?, ¿perdiste tanto tiempo? Aunque la sinceridad nos da paz. Acéptelo: ¿Cuándo no nos preguntamos acerca de nuestras vidas? El caso es existencialista pero hay muchas cosas que están cambiando, incluyendo la oportunidad de disfrutar tus años sin que un subnormal te diga que estás perdiendo el tiempo conociendo, viajando.

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Isla del sol, lado norte, en el lago Titicaca en Bolivia. Dormíamos al frente de este paisaje.

¿En búsqueda de alguien o sólo?

Siempre me quedé exhausta por intentar convencer a más de un amigo para que emprenda un viaje indefinido por el mundo. Siendo ecuatorianos no estamos absueltos de que nos pidan visa hasta para respirar. Igual era obvio que teníamos que comenzar por nuestro continente. El sur es reconocido por sus encantos marcados en naturaleza y cultura (y no nos piden visa). Aún así, muchos se sentían entusiasmados con la idea pero ni uno mostraba interés de ahorrar lo suficiente, era cuestión de decidir que era lo más importante y simplemente un viaje largo no lo era para muchos. Lo repetí tantas veces hasta que al fin encontré a una que buscaba historias. “No quiero llegar a vieja sin tener nada que contar”, me lo repetía siempre Diana Vega.

Conozco a una o dos personas que se han lanzado solas al camino, pero como testigo, puedo admitir que no es igual viajar un mes o plantarse en algún sitio que viajar como mochilera. Realmente es necesaria la ayuda de la persona que tienes a lado. Ya sea para compartir un graffiti, comparar una frase coloquial, aprender de un mate o para dar algún tipo de ánimo si es que te enfermas (Porque la enfermedad te persigue sin importar lo bueno que te la pases). “Y a veces es bueno que el otro decida a donde ir, es aburrido decidir siempre o ver un cuadro en el museo sin poderlo compartir”, nos confesó en Ouro Preto, Brasil, una amiga de Francia que viajaba sola y que lo sigue haciendo. Aunque la soledad tiene sus momentos sublimes en lugares como Potrerillos, situado en Mendoza, Argentina.

Así que con dinero en el bolsillo, la maleta con la carpa naranja y la bolsa de dormir amarrada como sea, nos encontramos junto a Diana en el terminal terrestre de Guayaquil rumbo a Perú (Para ese tiempo Sofía Bermúdez también eligió viajar, pero nos alcanzaría en Brasil). Ese viaje duró 30 horas desde Guayaquil a Lima por el servicio de Cruz del sur. Hasta ahora es el viaje más largo que he realizado desde que salí. El resto lo hemos realizado en buses (más de cuarenta buses) y con la oportunidad de parar en algunos lugares. Ahora puedo decir que mis pies están cansados pero no se me borra la sonrisa de la cara. “Por qué tan contenta”, me dijeron hace poco en una de las fronteras entre Chile y Argentina. “Porque estoy viajando”, le respondí.

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Liza dice:

    Las felicito por haber tenido coraje de hacerlo; su texto me recuerda un poco mi historia, solo que yo no encontré compañeros de viaje y no tuve coraje de hacerlo sola, no soy de la era de la internet y al leer sus textos me da una alegria tan grande todas las cosas que cuentan que vivo un poco la experiencias que me hubiera gustado vivir. besos chicas y adelante, vayan atras de sus sueños y aprovechen mucho, ah no se olviden de contarnoslo. besos

    1. Sarah Carrozzini V dice:

      ¡¡Muchas gracias Liza!! Y para nosotras es un gusto poderlo compartir con tod@s. Nos da mucha alegría saber que puedes sentirte parte de nuestro viaje, parte de lo que vemos, escuchamos y sentimos. Un abrazo grande de Vagabundavida.

    2. pitufasofia dice:

      Muchas gracias Liza!!! Leerte nos contenta! Gente como tú, que se arriesgó… es la que nos inspira! Gracias por compartir con nosotros el mismo sentimiento!! abrazos miles!

  2. analaila dice:

    Tu historia me a inspirado, sobretodo porque has dejado a un lado el estereotipo comun que solo los hombres pueden viajar por el mundo. En unos dias me ire de mochilazo con mi mejor amigo/esposo hacia argentina, no puedo esperr mas…

    1. Sarah Carrozzini V dice:

      Y yo no puedo esperar más para saber si se animaron. No hay mejor regalo que hacer lo que realmente te hace feliz. Aprenderás mucho y recuerda que nada de lo bueno es fácil. Nos seguimos leyendo, les mando un abrazo gigante!!.

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